La Noche del Milagro
Las luces de la ciudad brillan contra la oscuridad del cielo. Estoy al lado de mi madre, quién está conduciendo al hospital donde ella trabaja de enferma. Tan pronto como mi madre estaciona su coche en el garaje para los empleados, yo veo tantísimos coches y oigo las sirenas de una ambulancia. Tengo miedo y aprensión porque voy a experimentar la práctica de medicina esta noche.Mi madre y yo nos subimos en el ascensor e inmediatamente huelo el especial olor de desinfectante, el olor del hospital. De mi primera vista, el hospital me parece un lugar estéril y fúnebre, sin vitalidad. Sin embargo, el ambiente cambia tan pronto como nos aproximamos al departamento obstétrico. De pronto, hay caos en todas direcciones. Mi madre me tira el azul uniforme quirúrgico que todavía huele a sangre. Las ruedas de las camas del hospital chirrían sobre el suelo mientras los médicos corren rápidamente al quirófano y yo les sigo. A pesar de la confusión y el caos, me siento feliz porque voy a experimentar el proceso del nacimiento.
Entramos en el quirófano que todavía huele a sangre y desinfectante. Mientras lavo las manos al lado de los médicos, me siento como si fuera una médica y me encanta cado aspecto de la experiencia. El ritmo cardíaco de la mujer acelera rápidamente mientras los médicos gritan para los instrumentos quirúrgicos. Hay un sentido de tensión en el quirófano porque la placenta de la mujer tiene una abrasión; por eso la mujer tiene un parto de alto riesgo Observo mientras los médicos preparan a la mujer para su parto. La mujer hace un gesto de dolor mientras sus alaridos dolorosos hacen eco por el hospital. Mi madre le tranquiliza con un apretón de manos y le consuele con unas palabras de motivación. En este momento, me identifico con la mujer y me doy cuenta de la importancia de la compasión en la práctica de la medicina.
Mientras las contracciones de la mujer aceleran, los médicos mandan a la mujer, “EMPUJE” porque ella está preparada para dar a luz a su bebé. Las gotas de sudor corren por la frente de la cara de la mujer mientras sus ojos negros se llenan de lágrimas puras que gotean de su cara como agua de una canilla. De repente, los gritos del bebé llenan el quirófano y me quedo asombrada de la belleza de la experiencia del nacimiento y de la fuerza de la mujer. El médico le da el bebé a la nueva madre mientras la expresión de pura felicidad se extiende sobre su cara. La nueva madre mece a su bebe en sus brazos y las lágrimas de felicidad corren de sus ojos. Las lágrimas también llenan mis ojos por la belleza de la experiencia. De pronto, me doy cuenta de mi vocación en la vida: apoyar a las mujeres en sus experiencias del nacimiento.
Yo quiero practicar la medicina porque creo en la integridad de la mujer. Creo que es mi vocación porque hay muchas circunstancias en las cuales la mujer no recibe el respeto que se merece. Por ejemplo, la mujer a veces no tiene el apoyo de su familia durante la experiencia del nacimiento y me identifico con la mujer. Durante mi experiencia en el hospital, me doy cuenta del poder de los médicos a curar físicamente y espiritualmente. En una manera física, los médicos asisten el parto de la mujer pero en otra manera espiritual, los médicos alivian el dolor y la tensión de la mujer durante el proceso. Por eso, creo que trabajar de médica me da la oportunidad para conectarme con la gente tanto espiritualmente como físicamente. Cuando los médicos salvan la vida de alguien o alivian los síntomas de una enfermedad, la capacidad para curar da un significado simbólico a la vida. Yo quiero experimentar este significado por mi vida, especialmente en mi práctica de medicina porque siento que es mi vocación en vida.